El Lobo de Wall Street: el arte de vender humo

| 21 enero, 2014 | 0 Comentarios

Leonardo DiCaprio metido en su papel de "el puto amo"

Leonardo DiCaprio metido en su papel de “el puto amo”

Poco tiene que demostrar a estas alturas de la película Martin Scorsese. Su filmografía habla por sí sola. Con su última cinta, El Lobo de Wall Street, el padre de la mafia italiana en 35 mm vuelve a tocar el cielo con el súmmun de pecados y excesos que le abren las puertas del mismísimo infierno.

El Lobo de Wall Street llega a la cartelera rendida ante la crisis. Los espectadores se rascan los bolsillos para ver el opulento derroche noventero que propició la actual situación económica. Scorsese nos mete de lleno en la frenética carrera por alcanzar el sueño americano de manos de su actor fetiche: Leonardo DiCaprio.

El niño mimado de Hollywood ha sabido sacarle todo el partido a la perita en dulce que le tenía preparada el director de Taxi Driver, con el que ya ha colaborado en cinco ocasiones. Su gran trabajo fue premiado en la pasada edición de los Globos de Oro como mejor actor de comedia. En los Oscar, ya acaricia la estatuilla. No es para menos. Su retrato del broker Jordan Belfort, en cuya biografía está basada la película, bien vale un premio de la Academia.

Fiestas, desfase y mucha cocaína. Señores, esto es El lobo de Wall Street

Fiestas, desfase y mucha cocaína. Señores, esto es El lobo de Wall Street

Mucho tuvo que esperar Scorsese para hacerse con los derechos de esta historia detrás de la cual llevaba varios años. Después de aflojar el bolsillo con ayuda de DiCaprio, también productor de la cinta, y poner 1,5 millones de dólares sobre la mesa de Belfort, finalmente pudo adaptarla al cine gracias a Terence Winter, guionista de Los Soprano y Broadwalk Empire.

Pero todo protagonista que se precie necesita de su vasallo. En esta ocasión, un tuneado Jonah Hill de dientes flourescentes se convierte en el Sancho Panza de DiCaprio en un papel que le viene como anillo al dedo y por el que ha recibido una nominación al Oscar. Lejos quedaron cintas como Lío embarazoso y Supersalidos. En su papel de Donny Azoff, socio de Belfort, descubriréis los momentos más desternillantes de toda la película gracias a sus diálogos surrealistas aderezados con cocaína, crack y marihuana. Un festín de sustancias y prostitutas con su monte de Venus perfectamente rasurado que escandalizará a más de uno (o de una), pero que deja patente lo miserable de nuestras vidas como simples curritos al lado de estos adictos a los quaaludes.

Rubias, morenas, pelirrojas... Todo tipo de bello púbico tiene cabida en El Lobo de Wall Street

Rubias, morenas, pelirrojas… Todo tipo de bello púbico tiene cabida en El Lobo de Wall Street

Un doble juego al que nos invita Scorsese, en el que no sabemos si el artífice de Toro Salvaje critica o ensalza, a través de un tiburón de los negocios cuya mejor virtud es vender humo a peces gordos.

Si en algo se puede criticar la película es en la intención de su director de acercarla al mayor número de espectadores. Poco queda a la imaginación y al entendimiento del público más cinéfilo que parecen necesarias ciertas aclaraciones en un guión por otro lado desternillante y dinámico, pero que sospechosamente repite la fórmula de cintas como Uno de los nuestros (1990) y Casino (1995).

El humor negro acompaña al personaje a lo largo de sus tres horas de duración en homenaje al verdadero Jordan Belfort, el que allá por los noventa fuera un estafador y que a día de hoy se gana la vida dando cursos de superación personal y finanzas. He aquí la paradoja del sueño americano que nos presente Scorsese.

La escalada y la estrepitosa caída de un “vendeburras” dirigida por uno de los grandes y con el placer de ver a DiCaprio pasando del éxtasis a la derrota en 180 minutos. Así es este lobo de las finanzas que deja a la altura del betún al mismísimo Gordon Gekko.

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Category: Críticas, Destacados

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