‘El legado de Bourne': Espías con identidad

| 14 agosto, 2012 | 0 Comentarios

Jeremy Renner y Edward Norton frente a frente en El legado de Bourne

Jeremy Renner y Edward Norton frente a frente en El legado de Bourne

La trilogía de Bourne cambió el rumbo del cine de espías en la década de los 2000, influenciando incluso al agente especial más famoso del celuloide, Sir James Bond, en sus últimas aventuras cinematográficas. La saga, basada en el personaje salido de la pluma de Robert Ludlum, estableció unas señas de identidad propias, sobre todo en sus dos capítulos finales dirigidos por Paul Greengrass (United 73), que le valieron un éxito progresivo entre crítica y público.

El universo político-conspiratorio creado alrededor de un asesino entrenado por la CIA que pierde la memoria y que es perseguido por sus antiguos empleadores parecía finiquitado con El ultimátum de Bourne, más aún tras la negativa de Matt Damon y Greengrass a seguir estirando el chicle. Sin embargo, Tony Gilroy, guionista de las anteriores entregas y ahora también director, se las ha apañado para demostrar que es posible hacer una película de Bourne sin Bourne. Las dudas se despejan pronto. Treadstone no era el único proyecto de entrenamiento creado para fabricar agentes especiales. Otros programas más avanzados, como Outcome, se han desarrollado de manera paralela. Con las revelaciones públicas de Jason Bourne al final del último episodio sólo basta que alguien tire un poco más del hilo para que también salgan a la luz. Eric Byer (Edward Norton), un coronel retirado que controla toda la red, tiene claro que hay que eliminar cualquier rastro que delate su existencia, y eso incluye a Aaron Cross (Jeremy Renner), el agente número 5 del proyecto Outcome.

Jeremy Renner en una imagen de El legado de Bourne

Jeremy Renner en una imagen de El legado de Bourne

En el primer tercio de El legado de Bourne , Tony Gilroy presenta de manera hábil al que será el nuevo héroe de la franquicia y retoma acontecimientos narrados en el cierre de la anterior entrega que transcurren de manera paralela al actual filme. Por obra y gracia del montaje paralelo, el cineasta supera con nota el marrón de justificar otro episodio, de poner en situación a los que se acercan por primera vez a la franquicia y de definir a los nuevos personajes protagonistas. Hasta aquí, podemos decir que se trata de una secuela en toda regla, pero una vez pasados los preliminares nos encontramos con que estamos en un terreno más propio del reboot. El punto de partida es el mismo que el del primer Bourne: un agente especial entrenado por la CIA que recorre todo el mundo para evitar que aquellos que le crearon lo liquiden. La historia ha recomenzado. Quizás por ello, la mejor manera de disfrutar de El legado de Bourne sea no tomándola como una continuación natural de la saga, sino como una buena excusa para empezar un viaje diferente y similar a la vez.

Fotograma de El legado de Bourne protagonizada por Jeremy Renner

Fotograma de El legado de Bourne protagonizada por Jeremy Renner

Tenemos la misma situación pero distinto personaje, y ahí es donde reside la principal diferencia. El héroe interpretado por Jeremy Renner, al contrario que el de Damon, se ha adherido de manera voluntaria al programa como una manera de superar sus limitaciones físicas e intelectuales. Su conflicto no viene motivado por la culpa o la necesidad de recuperar su identidad, sino por su resistencia a que le arrebaten aquello que siempre ha deseado alcanzar. Comparar la mayor vulnerabilidad y el hieratismo de Damon con la superhombría y fisicidad del personaje de Renner es parecido a elegir entre qué James Bond es más sugerente, el de Daniel Craig o el de Sean Connery. Tal vez por ello, la presencia de una frágil Rachel Weisz como chica que acompaña al protagonista, lejos de ser un pegote, sirve para compensar la excesiva dureza de este nuevo eslabón evolutivo de los agentes especiales.

Rachel Weisz en una imagen de El legado de Bourne

Rachel Weisz en una imagen de El legado de Bourne

De igual modo, tampoco es recomendable juzgar el trabajo tras las cámaras de Tony Gilroy usando como baremo los logros alcanzados por su predecesor, Paul Greengrass. La hipertrofiada y mal ejecutada persecución en moto por las calles de Manila que cierra el filme evidencia cuáles son las limitaciones del cineasta, pero ello no debería restarle valor a la agilidad, claridad expositiva y control del ritmo demostrados durante el resto del metraje. El legado de Bourne es una notable película de acción, quizás genéticamente menos interesante que sus antepasados, pero que perpetúa con dignidad la supervivencia de la especie.

El Legado de Bourne se estrena en los cines de toda España el 15 de agosto.

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Category: Críticas, Destacados

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