El Hombre de Acero: Segundo advenimiento

| 20 junio, 2013 | 0 Comentarios

Henry Canvill es Superman en El Hombre de Acero de Zack Snyder

Henry Canvill es Superman en El Hombre de Acero de Zack Snyder

Por muchos millones de dólares de presupuesto que haya de por medio, hacer que una película encuentre su personalidad y voz propia sigue siendo lo más costoso. Un reto aún más complicado cuando en la hoja de ruta tienes al primer superhéroe de la historia del cómic: Superman, icono cultural desde hace 75 años, con más de dos mil tebeos publicados y cinco superproducciones cinematográficas dedicadas al personaje. Y por si fuera poco, entre ellas destaca una estrenada hace 35 años, dirigida por Richard Donner y protagonizada por Christopher Reeve, convertida en modelo a seguir por la mayoría de adaptaciones superheroicas.

Como ya es bien sabido, esta vez tocaba construir algo moderno, actualizado, diferente y con la lección aprendida tras el traspiés, allá por 2006, de Superman Returns, film primorosamente realizado, con un aceptable Brandon Routh en la piel del superhombre, pero que no logró conquistar el corazón de los fans al rendir tributo al film de Donner sin terminar de definirse ni como secuela ni como remake. No, esta vez el punto de partida era distancirse completamente del clásico de 1978. Sirva como ejemplo más elocuente el que se haya pasado página hasta con la mítica fanfarria compuesta entonces por el irrepetible John Williams. Llegó la hora del todo o nada. Y, a juzgar por la respuesta en taquilla, parece que tenemos un caballo ganador… a pesar de sus evidentes inseguridades.

Russell Crowe como Jor El en El Hombre de Acero

Russell Crowe como Jor El en El Hombre de Acero

El hombre de acero, al igual que su protagonista, intenta encontrar esa nueva voz a lo largo de sus casi dos horas y media de metraje. Por lo que no es casual que este reboot nos cuente la historia  de alguien que representa la ruptura frente a un patrón (en este caso el de su raza originaria). Un hombre que debe encontrar la manera de conciliar su sorprendente pasado extraterrestre con su extraordinario futuro en la Tierra. Un viaje de autodescubrimiento en el que juegan un papel decisivo los dos padres del héroe: el biológico, incorporado por un convincente Russell Crowe, y el adoptivo, interpretado por un Kevin Costner simplemente perfecto. Es una película de origen que da más importancia a las connotaciones mesiánicas del personaje y al conflicto existencial que se produce en alguien que descubre que tiene un poder capaz de convertirle en un dios y, al mismo tiempo, apartarlo irrevocablemente de sus semejantes.

Por supuesto, el contrapunto humano lo ponen los padres terrícolas de Kal-El, bautizado como Clark Kent en nuestro planeta, y una brillante periodista que sigue el rastro de sus anónimas proezas para descubrir al hombre detrás de los milagros. Amy Adams da vida a Lois Lane, el eterno interés amoroso de Superman, aportando una enorme credibilidad (y belleza), a pesar de no ser un personaje tan bien definido por guión, y eso que constituye una de las innovaciones más lógicas de esta nueva adaptación. Una acertada actualización que parcialmente había tenido lugar en las páginas del cómic, pero que ni la televisión ni el cine habían sido capaces de lograr hasta hoy.

Pero no sólo se modernizan personajes, el origen se nos presenta ahora en diversos flashbacks diseminados a lo largo de la narración y presentados como recuerdos con los que, de alguna manera, Clark Kent encuentra respuesta a la mayor parte de las dudas morales y existenciales que surgirán durante su transformación y bautismo de fuego como Superman. En esos flashbacks reside el alma  y la poca emoción que encontramos en la película, además de hacer gala de una capacidad de síntesis que escasea en todo lo que transcurre en el presente, donde los hechos se exponen con excesiva gravedad y cierta reiteración, recordándonos inequívocamente la presencia entre bambalinas del padrino del invento, Christopher Nolan, coargumentista y coproductor de la película, que ya dejó claro en su trilogía de El Caballero Oscuro que ni entiende ni le interesan los cómics de superhéroes.

Henry Cavill y Amy Adams en una imagen de El Hombre de Acero

Henry Cavill y Amy Adams en una imagen de El Hombre de Acero

Afortunadamente, Zack Snyder, director de El hombre de acero, sí los comprende y los ha leído, y al menos su dimensión épica y sentido de la maravilla están aquí presentes, haciendo realidad los mundos de fantasía y la acción imposible que pueblan habitualmente sus páginas. El arranque del film en el planeta Krypton es deslumbrante, conjugando la imaginería del cómic con clásicos del cine fantástico como Star Wars y Matrix, influencia también presente en los combates entre superhombres que inundan la última hora de El hombre de acero, y que acaban elevando esta reinvención a la categoría de superespectáculo, tal y como esperaban ansiosamente los fans del personaje.

Tras la aparición de los logos del filme, deudores de la magnífica secuencia de títulos iniciales del Batman de Tim Burton, queda claro que estamos ante una película monumental, de un acabado intachable, facturada al detalle, con esmero y a la altura de las expectativas. Warner Bros. ha puesto toda la carne en el asador, empezando por la elección del reparto, liderado por un Henry Cavill que, aparte de cuerpo escultural, derrocha sensibilidad, y eso que el guión apenas le permite lucirse, si exceptuamos una secuencia memorable que comparte precisamente con Kevin Costner, cuyo Jonathan Kent, insistimos, nada tiene que envidiar al que interpretó Glenn Ford en 1978.

Lo cierto es que aquí nadie desentona, aunque hay actores algo más desaprovechados que otros, especialmente en el caso de Amy Adams y Michael Shannon, este último como el fanático y separatista general Zod, un personaje que en los cómics ha dado para muchísimo más, y que en la película sólo apunta maneras. Pero todos contribuyen a alcanzar ese ideal de espectáculo verosímil y realista que subraya la fotografía, la dirección artítisca y unos impresionantes efectos visuales que me atrevería a tildar de perfectos. 

Henry Cavill es El Hombre de Acero

Henry Cavill es El Hombre de Acero

Superman entra de lleno en el siglo XXI no sólo por la vía argumental, sino también tecnológica. Esto es lo máximo que permite hacer posible el cine de nuestros días. Y, parafraseando el tag line de la versión de 1978, ahora sí que todos vamos a creer que un hombre puede volar. Vaya que sí. Y también hay supertortazos y ciudades arrasadas ante la furia de los superhombres. Porque ésta es una película que, a fin de cuentas, no desdeña las raíces literarias que dieron forma a Superman, la ciencia ficción pulp, que acaba por imponerse, gracias al buen hacer del director de 300, a la algo pretenciosa concepción filosófica del personaje que se adivina impuesta por el guionista David S. Goyer y el todopoderoso Christopher Nolan, el que, según cuentan las malas lenguas en Hollywood, apartó a Snyder de la prostproducción de El hombre de acero durante sus últimas semanas (costumbre más que extendida en Hollywood, como evidencian casos recientes, como los de After Earth o el remake de Robocop). Pero ni así ha podido ser erradicada la firma del director de Watchmen… afortunadamente para los que seguimos buscando en este tipo de adaptaciones algo de respeto por el material que las inspiran.

Las últimas y muy logradas escenas del film son de las que ilusionan y despiertan la complicidad del aficionado, y con las que definitivamente El hombre de acero consigue resucitar a Superman para las nuevas generaciones con la calidad que merece. Eso sí, se echa de menos, y mucho, el humor. Uno que no falta en las páginas del cómic y que la competencia sí que sabe incluir en sus versiones cinematográficas. En ese sentido, Warner todavía tiene mucho que aprender de Marvel Studios.

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Category: Críticas, Destacados

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