‘El caballero oscuro: La leyenda renace’, un Batman demasiado serio

| 21 julio, 2012 | 1 Comentario

El caballero oscuro: La leyenda renace

El caballero oscuro: La leyenda renace

Alguien tiene que decirlo. El caballero oscuro: La leyenda renace es una película insufrible. Sé perfectamente que estoy en minoría, pero como bien es sabido, es saludable escuchar a las minorías.

Tampoco pertenezco al club de haters de Christopher Nolan. Su remake de Insomnia o la más reciente Origen son películas de mi agrado. Ojo, no me parece que estemos ante el mesías de Hollywood o ante un nuevo Stanley Kubrick, como algunos han querido definirlo. Pero no me parecería cabal negarle al señor Nolan el mérito de ser un director tan capaz como personal. Su cine está repleto de buenas ideas, como esa magnífica escena final de El truco final o la estructura narrativa de su aclamada Memento. Eso sí, que el hombre es consciente de lo endiosado que está es un hecho, como demuestra su última película, un verdadero ejercicio de autocomplacencia.

Al asistir al pase de esta tercera parte de su ambiciosa adaptación de Batman dejé atrás mis inconvenientes con las dos anteriores entregas de la serie y, en cuanto se apagaron las luces, sentí la excitación y la ilusión de asistir a una película evento. Tampoco voy a ocultar que toda mi vida he sido lector de Batman, con lo que puse mi mente en blanco dispuesto a pasarlo en grande.

No caeré en el error de atacar esta trilogía cinematográfica por sus diferencias de planteamiento con el tebeo original. Si un director tan reputado puede tener la libertad de hacer lo que cree conveniente con icono cultural como Batman por mí no hay problema. Después de todo, Tim Burton hizo lo propio en sus dos películas sobre el personaje. Por supuesto, Nolan ha sido aplaudido por cuidar los guiones y Burton abucheado por preocuparse únicamente del envoltorio visual.

Tom Hardy como Bale en El caballero oscuro: la leyenda renace

Tom Hardy como Bale en El caballero oscuro: la leyenda renace

Pero Nolan, a mi entender, se toma demasiado en serio un personaje que no es sino un millonario que se disfraza de roedor para ejercer de justiciero. En su afán por hacerlo cercano y creíble ha sepultado toda la imaginería visual, la fantasía y el humor negro de la historieta original. Sin embargo, ahí radica la clave del éxito de su adaptación. Una gran parte del público no familiarizada con el cómic y/o asqueada por las películas de Burton y, especialmente las firmadas por Joel Schumacher en la segunda mitad de los 90, acogió con los brazos abiertos esta relato en clave realista sobre la lucha contra la corrupción, el deseo de venganza y el viaje hasta cierto punto autodestructivo de un superhéroe hecho a sí mismo.

Así que no me importa la poco atractiva dirección artística de estas tres películas, esa tosca y fea armadura que sustituye al uniforme original del hombre murciélago o el ridículo falsete que utiliza Christian Bale para diferenciar la voz de Batman de la de su público alter ego, el playboy millonario y filántropo Bruce Wayne. No, mi mayor problema es el aburrimiento que me producen todas y cada una de las entregas de la saga. Aburrimiento revestido de pomposidad que no pueden disipar escasos, forzados y muy poco inspirados momentos de humor, una de las cosas que peor se le da a Christopher Nolan en su faceta como guionista. De su escasa habilidad, ya como director, para hacer más dinámicas, atractivas y comprensibles las escenas de acción mejor hablamos otro día.

Pero si ya sois fans consagrados de la saga estáis de enhorabuena. Nolan no escatima tiempo (dos horas y 44 minutos, nada menos) para crear nuevas tramas y personajes que enlaza en su mayor parte con las anteriores Batman Begins y El Caballero Oscuro, logrando que las tres películas conformen un todo. Un mérito que no se le puede reprochar al director de El truco final. No os voy a destripar el argumento de este último capítulo, pero sí os diré que su punto de partida está en una saga de Batman publicada en los años noventa y titulada La caída del murciélago. Curiosamente, el equipo de guionistas también ha tenido en cuenta a la competencia, porque su desarrollo guarda también no pocas semejanzas con Stark desmantelado, otra saga publicada en este caso por Marvel hace un par de años dentro de la colección regular de Iron Man.

Un reparto de campanillas y un deslumbrante despliegue de medios también son valiosos aliados para desarmar a posibles detractores, pero analizando detenidamente la cinta, aparte de graves problemas de ritmoy una sobreexposición de su argumento (flaqueza habitual del cine de Nolan) uno no puede evitar encontrar numerosos problemas en el retrato de algunos de los nuevos personajes, especialmente Miranda Tate (una de las peores interpretaciones de la ganadora del Oscar Marion Cotillard) y su relación con Bruce Wayne, o dos villanos tan desaprovechados como Catwoman (resultona pero nada memorable Anne Hathaway) y Bane (Tom Hardy llena la pantalla en todos los sentidos, pero el guión se encarga de empequeñecer su presencia a medida que avanza el metraje).

Christian Bale y Anne Hathaway, en El caballero oscuro: la leyenda renace

Christian Bale y Anne Hathaway, en El caballero oscuro: la leyenda renace

El film toca temas de actualidad, como la crisis económica (más de uno sentirá ganas de aplaudir durante la escena del ataque a la bolsa) y la necesidad de rebelarse ante un sistema asfixiado por la corrupción de los poderosos y la ineptitud de los políticos. Pero su reflexión no deja de ser superficial y moralmente predecible, por serios y sentenciosos que se nos pongan los protagonistas, algunos incluso llorando en casi todas las escenas en las que aparecen, como es el caso del servicial y paternal mayordomo Alfred (interpretado por Michael Caine), o por mucho que se abuse de una banda sonora y un sonido que, aún siendo espectaculares, no dejan de ser una facilona artimaña para mantener abrumada y aturdida a la audiencia. Una vez más, el exceso de intensidad marca de la casa Nolan acerca el resultado al puro ridículo.

Estas y otras razones son las que me hacen echar de menos encontrarme en la pantalla una buena historia de Batman. Una de esas que sí encontramos en algunas de las páginas creadas por Steve Englehart, Alan Grant o Frank Miller para el personaje, y más recientemente por Grant Morrison y Scott Snyder. O simplemente tan divertida como la que hemos disfrutado en filmes de animación tan logrados como Batman: La máscara del fantasma.

Al abandonar la sala, aliviado tras superar al fin un aburrimiento solo comparable al que padecí no hace mucho viendo la insoportable Si quiero silbar, silbo, descubrí a un grupo de fans haciendo cola para hacerse una foto con el móvil junto al display de cartón de Batman que decoraba las instalaciones. Una sensación de perplejidad me animó a acelerar el paso hacia la salida. Tal vez esté haciéndome viejo.

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Comentarios (1)

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  1. miguel ángel dice:

    Si hubieras escrito “…se me antojó una película insufrible” en lugar de “…es una película insufrible” hubiera podido leer el resto de la crítica con otros ojos. Me gusta como escribes.

    La crítica es, por definición, una opinión personal; no un hecho contrastable.

    Gracias, un saludo.

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