‘Efectos secundarios’: la bipolaridad creativa de Steven Soderbergh

| 2 abril, 2013 | 0 Comentarios

Rooney Mara en un fotograma de 'Efectos secundarios'

Rooney Mara en un fotograma de ‘Efectos secundarios

Aunque no es su primera amenaza, Steven Soderbergh afirmó en enero en una entrevista para el blog Vulture que Efectos secundarios sería su última película. En esa misma conversación, el cineasta mostraba su desencanto con una industria donde “sólo tienen respeto por los que generan un montón de dinero.” Resulta curioso que alguien como Soderbergh, quien sabe muy bien lo que es contar tanto con el reconocimiento del público como con el de la crítica, nos sorprenda cada tiempo con este tipo de declaraciones de artista íntegro tan socorridas. Su filmografía cuenta varios taquillazos como la trilogía de Ocean’s Eleven o su reciente Magic Mike, y películas premiadas como Traffic y Sexo, mentiras y cintas de vídeo, su debut, que le valieron el Oscar al Mejor Director y la Palma de Oro en Cannes respectivamente. Si lo comparamos con otros cineastas, no se puede decir que le haya ido precisamente mal.

A lo largo de su prolífica carrera, el cineasta ha alternado títulos comerciales con trabajos más alternativos o experimentales que ha podido llevar a cabo gracias a los beneficios obtenidos por los primeros. A pesar de esta dicotomía, Soderbergh siempre ha intentado, con mayor o menor fortuna, darle un toque personal hasta a sus proyectos más convencionales, a lo que ha ayudado sin duda el hecho de que él mismo se encargue del montaje y la fotografía de sus filmes. Sin embargo, parece que este equilibrio de fuerzas en el que se ha basado su trayectoria ha agotado al director que, está por comprobar, se despide con Efectos secundarios.

Channing Tatum y Rooney Mara en 'Efectos secundarios'

Channing Tatum y Rooney Mara en ‘Efectos secundarios

Aunque se enmarque dentro de su grupo de películas alimenticias, la última entrega de Soderbergh resulta más interesante por lo que se puede leer entre líneas. Efectos secundarios comienza con la escena de un crimen, para luego dar un salto hacia atrás en el tiempo. Emily, interpretada por una excelente y turbadora Rooney Mara, vive con ansiedad la salida de prisión de su marido convicto (Channing Tatum). Cuando éste es liberado, la joven recae en un estado depresivo que parecía haber superado. Guiado por el consejo de Verónica Siebert (Catherine Zeta-Jones), la anterior psiquiatra de Emily, el doctor Jonathan Banks (Jude Law) comienza a recetarle un nuevo fármaco que empieza a despuntar en el mercado. Sin embargo, los efectos secundarios que este antidepresivo tienen sobre Emily traerán consecuencias nefastas que pondrán en peligro la reputación y la economía del especialista.

Este sugerente punto de partida está resuelto con brillantez y Soderbergh consigue atraparnos gracias a su prodigioso dominio del montaje. Según se complica la historia, uno empieza a sentir escalofríos al descubrir el podrido mundo que rodea a la psicofarmacología, un universo de intereses creados donde la infelicidad se presenta como un negocio de lo más lucrativo, y el dinero es la verdadera serotonina que mueve al ser humano. En un planeta enfermo por el virus capitalista, es de locos no intentar sacar tajada, pues no hay Prozac que pueda igualar el bálsamo que supone sumar ceros en tu cuenta corriente a final de mes, parece deducirse de la trama del filme. Y no existe nada mejor para fortalecer el sistema inmunológico que tener un buen abogado, ni deontologías que valgan cuando se trata de seguir pagando tu ático en New York.

Estas posibles lecturas nos hacen olvidar por un momento que en realidad Efectos secundarios no es más que un thriller, como queda claro en la decepcionante segunda mitad. En su tramo final, el guión de Scott Z. Burns entra en una escalada de giros, engaños y revelaciones que dan la vuelta a la tortilla de forma tan agotadora y rebuscada que dejan a Soderbergh indefenso, aunque capaz de mantener al menos el interés hasta el final. Quizás no es más que esta situación de impotencia por verse esclavo de un material ajeno, ese desgaste que supone intentar sacar la cabeza en el lodo de una historia convencional, lo que ha llevado a Soderbergh a decir hasta aquí hemos llegado. Siendo egoístas, esperemos que sus facturas no se lo permitan

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Category: Críticas, Destacados

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