‘De tal padre, tal hijo’ : el milagro de la paternidad

| 25 noviembre, 2013 | 0 Comentarios

Fotograma de 'De tal padre, tal hijo'

Fotograma de ‘De tal padre, tal hijo’

Resulta una feliz coincidencia que el último trabajo de Hirozaku Kore-eda llegue a nuestras pantallas justo una semana después del estreno de Una familia de Tokio, el homenaje-remake que Yôji Yamada ha realizado de la obra cumbre de Yasujirô Ozu. Comparado a menudo con el maestro del cine japonés, Kore-eda ha demostrado en varias ocasiones a lo largo de su filmografía esa gran habilidad para el retrato costumbrista y esa capacidad para extraer esa emoción pillada al vuelo tan difícil de conseguir que caracterizó el estilo del autor de Cuentos de Tokio.

Posibles filiaciones cinematográficas aparte, lo más peculiar de la mirada de Kore-eda se halla en su casi continua reflexión sobre el concepto de familia y las complicadas leyes que rigen las relaciones entre padres e hijos, en ocasiones  desde el punto de vista de la infancia. De la familia ausente de Nadie sabe, hasta la disfuncional de Kiseki (Milagro), pasando por la tradicional de Still Walking, el cineasta nipón no ha dejado de interrogarse (e interrogarnos) sobre ese extraño vínculo de sangre que es a la vez castigo y salvación. Con ‘De tal padre, tal hijo’, Kore-eda da una vuelta de tuerca más y plantea una pregunta más directa: ¿Cuándo se convierte un padre en padre? ¿Se es padre por el componente genético o por el tiempo que se comparte? Para intentar dar respuesta a esta cuestión, parte de un high-concept tan brutal e interesante que ha conquistado  a Steven Spielberg, quien no sólo le concedió el Premio del Jurado que presidía en la última edición del Festival de Cannes, sino que además va a producir una versión americana del filme.

'De tal padre, tal hijo' ganó el Premio del Jurado en el último Festival de Cannes

‘De tal padre, tal hijo’ ganó el Premio del Jurado en el último Festival de Cannes

Ryota (Masaharu Fukuyama) es un arquitecto de éxito absorbido con su trabajo que apenas tiene tiempo para pasar con su esposa y su hijo Keita. Un día, el matrimonio recibe una llamada de los responsables del hospital donde nació el pequeño hace seis años que les dice que han descubierto que se intercambiaron por error dos niños y que, por tanto, Keita no es su hijo biológico. Una vez puestas en contacto entre sí, las dos familias afectadas tendrán que decidir si quedarse con la criatura que han criado durante este tiempo o con su verdadero vástago. Como si de una entrega del programa Me cambio de familia se tratara, los dos pequeños pasarán una temporada en casa de sus recién descubiertos padres biológicos antes de que éstos lleguen a una resolución definitiva.

Siguiendo el cambio de rumbo iniciado con Kiseki (Milagro), su anterior trabajo, Kore-eda se desmarca del tono dramático de sus primeras películas con una historia en la que, a pesar de lo tremendo de la situación, hay sitio para el humor y un tratamiento más luminoso, e incluso más melodramático. Puede que en ocasiones se pierda algo de la sutileza que ha marcado el pulso de toda su obra; y que en su propia necesidad de dar respuesta a una pregunta tan complicada como la que ha generado el filme fuerce el contraste entre las dos familias, cayendo en algún lugar común. Pero es innegable que De tal padre, tal hijo lleva el ADN de su creador, un cineasta con el mágico don de la emoción más inefable, esa que te pilla desprevenido y permanece tiempo después encenderse las luces de la sala. Su bello, y abierto, desenlace es un nuevo milagro que nos libera una vez más de nuestro mayor temor: quedarnos huérfanos de buen cine.

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