Cuenta atrás: deprisa, deprisa

| 2 febrero, 2012 | 0 Comentarios

Fotograma de Cuenta atrás

 

Al otro lado de los Pirineos hace tiempo que encontraron la fórmula mágica para atraer al público en masa a las salas para ver su producción nacional. El cine francés terminó el 2011 con un excelente 40% de cuota de mercado dentro de sus fronteras, un éxito al que han contribuido las cifras de infarto alcanzadas por Nada que declarar y, sobre todo, Intocable, que lleva 120 millones de euros en taquilla y sigue sumando. El 2012 también ha empezado dando alegrías al cine galo, con The Artist enfilada para darle a Francia su primer Oscar a la Mejor Película el próximo 26 de Febrero.

Viendo Cuenta Atrás, el filme que nos ocupa, resulta fácil deducir algunas de las razones de la buena salud comercial de la que goza el cine del Hexágono. Estrenada en 2010 en Francia, con 8 millones de euros recaudados, este trabajo de Fred Cavayé (Pour Elle) no tiene mucho que envidiar a las decenas de thrillers que nos llegan de Hollywood cada año.

La historia sigue el esquema mil veces visto de un hombre común que, sin comerlo ni beberlo, se ve inmerso en una compleja trama que pone en peligro su vida y la de los que le rodean, con una estructura de bola de nieve donde, a cada paso que da el protagonista, todo se complica un poco más. Samuel (Gilles Lelouche) es un aspirante a enfermero que vive feliz con su esposa Nadia (Elena Anaya), que espera su primer bebé. Su tranquila rutina da un vuelco cuando Nadia es secuestrada. Los captores le dan un mensaje muy claro: si quiere ver con vida a su esposa, Samuel tiene que entregarles a Hugo (Roschdy Zem), un criminal que se encuentra ingresado bajo custodia policial en el hospital donde trabaja, antes de que pasen tres horas.

A partir de este punto, la trama avanza sin respiro, en una carrera contrarreloj durante la que Samuel pasará de ser víctima a falso culpable, y en la que nadie es lo que parece. Lo que sigue, no es difícil de adivinar. Sorprendentes giros de guión, a veces al límite de la verosimilitud, hiperdilatadas escenas de suspense, ritmo frenético y un clímax final para morderse las uñas.

Intentar encontrar dobles lecturas, mensajes, homenajes o marcas de autor es perder el tiempo. Todo lo que pretende la película es dejarte pegado a la butaca mientras dura la proyección. Y vaya si lo consigue. A diferencia del protagonista, no mirarás el reloj durante todo su metraje. Por eso, a pesar de su estética funcional y poco sugerente, muy en la línea del polar televisivo, un género policíaco muy querido en Francia, el filme se disfruta como una atracción de feria. Si, además, juegas a imaginarte quién haría de quién en un posible remake americano, la diversión es doble.

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Category: Críticas

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