Crítica de ‘Four Lovers': Metidos en harina

| 7 junio, 2012 | 1 Comentario

Four Lovers del director Antony Cordier

Four Lovers del director Antony Cordier

En junio de 2010, fecha de producción de este filme galo que llega a España con dos años de retraso, una encuesta del IFOP (Instituto Francés de Opinión Pública) reveló que uno de cada tres franceses y una de cada seis francesas aceptaría un intercambio de parejas si su cónyuge se lo propusiera. Esta práctica cada vez más frecuente de compartir amantes llegó a convertirse en tema mediático de moda en el país vecino. El cine no ha permanecido ajeno a las posibilidades dramáticas de una historia de amor (¿o lo llamamos sexo?) a tres o cuatro bandas. De Jules a Jim a Pintar o hacer el amor, pasando por La mamá y la puta, la cinematografía francesa también cuenta con una buena colección de intercambios amorosos.

4 lovers, segundo largo de Antony Cordier y el primero que se estrena en nuestro país, se suma a esta lista de títulos centrados en explorar las consecuencias y paradojas del amor libre. Rachel (Marina Foïs), diseñadora de joyas, conoce a Vincent (Nicholas Duvauchelle), el encargado de diseñar la web de la joyería para la que trabaja, y enseguida surge una química especial. Rachel decide entonces organizar una cena con Frank (Roschdy Zem) y Teri (Élodie Bouchez), sus respectivos cónyuges. Durante esta velada se crea un vínculo que supera la mera amistad y entre ellos se plantean de manera natural realizar un intercambio. Lo que, al principio, parece una situación ideal donde cada uno vive con libertad y sin remordimientos sus nuevas experiencias sexuales, pronto aparecen las dudas, los miedos, la confusión y, sobre todo, los sentimientos.

La película empieza sin rodeos. En menos de media hora el cuarteto erótico ya está creado, y uno se pregunta cómo se las va a arreglar el director para hacer que el espectador no pierda el interés por una historia a la que le queda más de una hora por delante. De hecho, no lo consigue. No hay que ser un lince para saber que esto va a acabar como el rosario de la aurora, y que esta situación utópica no puede durar eternamente. El problema no es tanto lo previsible de la propuesta como en el modo con el que Antony Cordier refleja el progresivo deterioro de la relación. Todo es afectado, pretencioso, presuntamente profundo y desgarrador en esta aburrida reflexión, donde se abusa de la voz en off como medio de expresión de los personajes y, aún peor, de recursos tan pobres como el manido truco del diario encontrado.

A pesar del esforzado trabajo de sus actores, cuesta empatizar con los roles que encarnan. Juntar a una joyera, a un diseñador web, a un fisioterapeuta amante del feng-shui y a una ex campeona de gimnasia metida a intérprete es el colmo de lo cool. Este empacho de dramas de gente acomodada que juega al squash y cuyos problemas se reducen a lo amoroso sólo se lo perdonamos a Woody Allen (y no siempre). A favor de 4Lovers, hay que señalar la plasticidad con la que están rodados los cuerpos de los protagonistas y la recuperación para el público español de Élodie Bouchez, la inolvidable intérprete Los Juncos Salvajes y La vida soñada de los ángeles. Quede como momento definitorio del filme, la escena en la que los cuatro amantes se embadurnan en harina para después entregarse a la pasión. Como la vida misma, ¿verdad? Pues eso.

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