Capitán Phillips: Un mal viaje

| 8 octubre, 2013 | 0 Comentarios

Y ya van dos. Porque United 93 también era un viaje de los peores. Pero aunque también inspirada en un hecho real acontecido en 2009, en Capitán Phillips las cosas no tienen un desenlace tan funesto para los rehenes de turno. Eso sí, Paul Greengrass, su director, vuelve a hacer todo lo posible para que contengamos la respiración hasta los títulos de crédito finales. Y esta vez nos pone deberes extra, porque su nueva película dura aproximadamente unas dos horas y cuarto, lo que a más de un espectador se le antojará una experiencia agotadora por la tensión que, poco a poco, acumula el film hasta casi hacerse insoportable.

El verdadero capitán Phillips posa junto a su doble cinematográfico, Tom Hanks.

El verdadero capitán Phillips posa junto a su doble cinematográfico, Tom Hanks.

Pero el esfuerzo vale la pena. Porque Greengrass recupera aquí el brío y la fuerza de sus mejores películas, algo que parecía haber perdido últimamente, como era evidente en  la fallida Green Zone: Distrito protegido. Capitán Phillips nos recuerda sin embargo de qué es capaz este cineasta británico, que nos impactó no sólo con la mencionada United 93, también con la magistral Bloody Sunday. Y nos hizo vibrar con las menores pero muy efectivas El mito de Bourne y El ultimátum de Bourne. Greengrass domina la acción y el realismo como pocos directores hoy en día. Y aunque haya vuelto a poner de moda esa cámara inquieta y follonera en el actual cine de acción con sus dos entregas de Bourne, él sí que sabe cómo hacerlo de tal manera que el espectador nunca se pierda.

Si a esto añadimos un reparto absolutamente brillante de cabo a rabo, contando rehenes y secuestradores, militares y negociadores, el resultado es aún más satisfactorio y creíble. Sin duda Tom Hanks será del que más se hable. Y poco más podemos añadir a la lista de logros que acumula el doble ganador del Oscar. Aunque me sigue resultando ridículo que uno de esas estatuillas la ganase por una de sus peores interpretaciones, la de Philadelphia, ahí quedan trabajos como Salvar al soldado Ryan, Náufrago o Camino a la perdición, donde Hanks está sencillamente gigantesco. Y sin recurrir nunca al histrionismo o a los tics, vicios tan habituales de estrellas de similar categoría, como es el caso de Jack Nicholson o el insoportable Kevin Spacey. Hanks se transforma sin aspavientos en el personaje que corresponde. Y su capitán Phillips forma parte ya de esa galería de papeles emblemáticos que definen la carrera de un gran actor. Uno queda inmediatamente enganchado al bueno de Richard Phillips. Un hombre íntegro, un gran profesional, buena gente a pesar de haberse labrado una fachada de capitán de barco exigente y riguroso. Y aunque los marineros de su buque de mercancías le miren con resignación cuando demanda que se doble la seguridad en aguas internacionales cercanas a Somalia, todos sabemos que el hombre tiene razón, que no hay que bajar la guardia, que hay que hacer bien el trabajo por rutinario y cansino que resulte.

Los piratas del calibre.

Los piratas del calibre.

Pero los piratas que acechan su barco también se toman las cosas con mucha profesionalidad. Greengrass intenta no ser maniqueo, aunque algunos de los malhechores sean sencillamente eso, puro veneno. El guión nos informa de que la mayoría de estos piratas son pescadores en paro reclutados por señores de la guerra, cuyos tentáculos mafiosos buscan financiación a través de secuestros millonarios, dejando como de costumbre las migajas del botín para los que hacen el trabajo sucio. El líder de los asaltantes es el debutante Barkhad Abdi, cuya interpretación es tan realista que parece que ha sido reclutado entre los verdaderos piratas de esas aguas. Su tensa relación con Phillips es uno de los platos fuertes de la película. Y el director de Bloody Sunday saca verdadero petróleo de los dos actores y las situaciones de violencia e incluso extraña camaradería que entre ellos acaba surgiendo durante las interminables horas del secuestro.

El Maersk Alabama, el primer buque mercante norteamericano secuestrado en 200 años, se defiende de sus agresores.

El Maersk Alabama, el primer buque mercante norteamericano secuestrado en 200 años, se defiende de sus agresores.

El film se divide en dos partes bien diferenciadas. Pero no revelaremos muchos detalles para aquellos que no conozcan el suceso real. La primera y más satisfactoria por su dosificación de la tensión y sus sorpresas argumentales nos relata los primeros días de viaje hasta la irrupción de los piratas. El duelo entre ambos líderes previo al abordaje y la estrategia de Phillips cuando los piratas se hacen con la nave. Entonces se produce un inesperado giro y la película entra en su segunda fase, más claustrofóbica y agobiante, más concentrada en Phillips y en las horas críticas del secuestro. En ellos la película se tensa hasta casi romperse, elevando al cubo la angustia, pero con un desenlace bastante satisfactorio teniendo en cuenta el camino recorrido, porque Greengrass nunca olvida el factor humano y elude algunos de los convencionalismos más incómodos, como mostrarnos la reacción de las familias de los rehenes. Afortunadamente, la acción se circunscribe exclusivamente a los que están allí en altar mar jugándose el tipo: marineros, piratas y equipos de rescate.

Ese es sin duda uno de los grandes aciertos de la película, rompiendo una costumbre tan habitual en Hollywood como es cargar las tintas mostrando la angustia familiar en paralelo al calvario de las víctimas. No es este el caso, convirtiendo este Capitán Phillips en una experiencia cinematográfica genuinamente intensa y hasta cierto punto atípica. Y eso a pesar de que uno se pregunte si lo de Paul Greengrass  es sadismo, porque echando un vistazo a su filmografía cualquiera diría que disfruta sobremanera haciendo sufrir a sus protagonistas… y a sus espectadores.

Tags: , , , , , , , , , , ,

Category: Críticas, Destacados

Deja un comentario