‘Blue Jasmine': realidades alteradas

| 12 noviembre, 2013 | 0 Comentarios

Fotograma de 'Blue Jasmine'

Fotograma de ‘Blue Jasmine’

En el único documental sobre su obra al que ha accedido a colaborar, Woody Allen afirmaba que si era tan prolífico se debía a una razón muy lógica: si ruedas muchas películas, forzosamente acabas haciendo alguna buena. A estas alturas, señalar que entre los más de 40 títulos que componen su filmografía no sólo hay una, sino muchas joyas roza la perogrullada. Pero es difícil no tirar de frases hechas cuando se habla del señor Woody, sobre todo cuando él mismo nos ha (mal) acostumbrado a recibir nuestra dosis anual de su inconfundible desencanto cómico.

Cada vez que se estrena una nueva peli de Allen, es decir, cada año, el crítico, además de la común obligación de catalogarla según ese impreciso (por amplio) baremo que va de la obra maestra al bodrio (perdón, con Woody esta palabra no es aplicable. Úsese el término de obra menor), parece llevar autoimpuesta una tarea adicional: ubicar este nuevo trabajo en un hipotético ranking según los estándares de calidad previamente alcanzados por el director neoyorquino. “Su mejor filme desde…”, “el Allen más inspirado en x años”  y otras coletillas parecidas nos salvan la papeleta cuando tratamos de que el lector se haga una idea de lo que puede esperar de lo último de Woody. Sin embargo, el poco tiempo que media entre cada estreno acaba siendo contraproducente para nuestra engañosa percepción, haciendo que estas socorridas bolsas de valores resulten ineficaces. Hagan la prueba. Rescaten en DVD una peli de Woody Allen de hace años que en su momento no les convenció. Tal vez descubran que, ahora con más perspectiva, tiene más miga de lo que pensaban. Y viceversa.

Además, cuando se trata de Allen, suele haber una disparidad de opiniones según de qué lado del Atlántico se encuentre el analista cinematográfico, algo que el propio cineasta reflejó con sarcasmo en Un final made in Hollywood. Baste el ejemplo de Vicky Cristina Barcelona, considerado en España como uno de sus peores filmes, mientras que en USA gozó del aplauso de la crítica.

Cate Blanchett y Alec Baldwin en 'Blue Jasmine'

Cate Blanchett y Alec Baldwin en ‘Blue Jasmine’

Blue Jasmine, su última película, llega a nuestras pantallas con una de esas etiquetas de las que hablé más arriba, definida por la prensa especializada americana como su obra más redonda desde Match Point, y con buenas posibilidades de cara a la próxima edición de los Oscar. Woody Allen rueda por primera vez en San Francisco para narrar el progresivo estado de enajenación mental de Jasmine, una neoyorquina (Cate Blanchett) que se ve obligada a dejar su vida de despreocupada esposa de un millonario especulador (Alec Baldwin) cuando éste se suicida en la cárcel después de ser condenado por fraude. Desahuciada y alcoholizada, Jasmine no tiene más remedio que irse a vivir temporalmente a la ciudad californiana con su hermana Ginger (Sally Hawkins), una proletaria que trabaja como cajera y sale con un macarra sin grandes aspiraciones. Agobiada por esta situación humillante y obsesionada con recuperar su status perdido, la viuda afronta una crisis existencial entre antidepresivos y recuerdos del pasado.

Nuevo escenario, viejos temas. Rivalidad entre hermanas, el eterno conflicto entre lo que deseamos y lo que la realidad nos permite, sátira de los nuevos ricos y de su ausencia de moralidad, neurosis… nada de lo que nos cuenta Blue Jasmine es novedoso en el universo Allen. Ni siquiera desde el punto de vista narrativo nos encontramos con un punto de inflexión en sus formas, en un trabajo donde la única audacia se encuentra en la utilización, no siempre muy afortunada, de los flash-backs donde se nos revela poco a poco cómo era la vida neoyorquina de la protagonista. ¿Qué es entonces  lo que hace que Blue Jasmine, según gran parte de las críticas, sea un trabajo más notable que sus últimos intentos? Quizás el hecho de que Allen vuelva a centrarse por primera vez en mucho tiempo en un solo personaje femenino que vertebra toda la narración hace que la dispersión y cierta tosquedad estructural que lastraban sus últimos filmes se hayan limado.

La enérgica interpretación de Cate Blanchett ayuda mucho a dotar al rol de Jasmine de aún más corporeidad, una mujer al borde del colapso que vive en una mentira, pero a la que también le interesa hacerse la loca. Un personaje complejo, deliciósamente histérico digno de figurar entre las más insignes desquiciadas de la filmografía de Woody Allen, al lado de la Radha Mitchell de Melinda y Melinda o la Penélope Cruz de Vicky Cristina Barcelona,  por citar dos ejemplos. Es una lástima que Allen termine, como tantas veces, por forzar su fábula moral precipitando un final que confirme su tesis, y que siga siendo bastante esquemático y superficial en su pintura de ambientes, pero pedirle ahora a Woody que sea realista sería absurdo. Si olvidamos las etiquetas, si obviamos las expectativas, Blue Jasmine es tan disfrutable como cualquier película de  Allan Stewart Königsberg. Y quién sabe. Tal vez cuando la volvamos a ver en DVD dentro de cinco años resulte ser una obra maestra.

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Category: Críticas, Destacados

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