‘El atlas de las nubes': los Wachowski, filósofos del blockbuster

| 22 febrero, 2013 | 0 Comentarios

Vaya por delante que los hermanos Wachoski se han quedado en la masturbación mental de Matrix Reloaded con sus profundas reflexiones filosóficas. Para la posterioridad quedará Matrix como una película revolucionaria que cambió la manera de hacer cine de ciencia ficción y de acción. Su estética cyberpunk, los espectaculares efectos especiales y emocionantes escenas de acción deslumbraron a todo el mundo en 1999. Pero más allá de su envoltorio, Matrix tenía un sólido guion firmado por los propios hermanos con un justo toque cultureta. Referencias a nombres mitológicos y a la alegoría de la caverna de Platón hicieron que la película se tomara muy en serio por encima de la sorprendente pirotecnia audiovisual. Cuatro años después los directores retomaron el destino de Neo con peor resultado.

Mantuvieron la misma ambición, pero el desarrollo tecnológico no permitió realizar la película que tenían en la cabeza -las escenas que supuestamente eran las más espectaculares cantaban por el exceso informático-, y se les fue la mano en el argumento con una carga pseudo filosófica para explicar el universo de Matrix.

Con la novela de David Mitchell, El atlas de las nubes, los Wachowski han encontrado la horma de sus zapatos. Tras varios años intentando levantar el proyecto como productores, terminaron por dirigir la película junto a Tom Tykwer. El libro consta de seis relatos independientes que se sitúan desde el siglo XIX hasta un futuro post apocalíptico que recoge a través de sus protagonistas los temas más profundos de la existencia humana: el amor, el destino, la muerte, la creatividad, la homosexualidad, la lealtad, la vejez, la esclavitud, la religión… aquí es nada. Por si fuera poco, el trío de cineastas junto al escritor le han dado una vuelta de tuerca a la película presentando un juego de muñecas rusas para entrelazar las seis historias. El resultado es una pretenciosa película caótica acercada a un ensayo filosófico sobre la naturaleza del ser humano con algún momento brillante y demasiados desconcertantes.

Los Wachowski y compañía abruman desde los primeros cinco minutos del filme exponiendo las seis historias con trepidante y confuso montaje. Igual que Neo tuvo su momento para elegir entre la pastilla roja o la azul, el espectador tiene que decidirse en apenas cinco minutos sobre si está dispuesto a ver algo interesante o una enorme paja mental. Esta disyuntiva va a permanecer durante casi las tres horas de metraje. Los más atrevidos encontrarán un enorme ejercicio intelectual para encajar el cubo de Rubik que tienen entre manos, para otros será una pantomima aderezada con efectos especiales y maquillaje sin más gracia que descubrir el actor que se encuentra detrás de las caras de látex.

Hay que concederles a los creadores de Matrix la valentía de sus proyectos y el esfuerzo para acercar profundas reflexiones al gran público con un grandísimo espectáculo de pirotecnia audiovisual. Pero sobre todo, hay que agradecerles la manera de ejecutar las escenas de acción. Desgraciadamente, en El Atlas de las nubes son escasas pero las que hay son soberbias y no dejan de sorprender. Si fuera en blanco y negro, de escaso presupuesto y de nacionalidad francesa, la película se movería sólo por pequeños circuitos. De esta manera llegará a más gente, aunque para muchos suponga una estafa manifiesta. El atlas de las nubes se encuadra en el tipo de películas que pretende recoger el sentido de la vida de forma pretenciosa como La fuente de la vida de Darren Aronofsky o El árbol de la vida de Terrence Malick. Con estas obras ya se sabe: provocan indignación por el tiempo perdido o son películas iluminadas. Ante El atlas de las nubes, si hubiera podido elegir hubiera escogido la pastilla azul.

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