‘Alps': el juego macabro de Lanthimos

| 11 abril, 2012 | 0 Comentarios


Escena de Alps de Giorgos Lanthimos.

El director griego Giorgos Lanthimos vuelve a remover el lado más oscuro del alma humana después de Canino. Con Alps, su nueva película, plantea un juego macabro al espectador que poco a poco irá descubriendo sus reglas. La casilla de salida es un grupo de personas, que nada tienen que ver entre ellos, y que acuden periódicamente a un gimnasio para desarrollar un siniestro y lucrativo plan: sustituir a difuntos en su entorno familiar.

La comparación con su anterior film es inevitable, pero mientras Canino supone un impacto directo a traición, Alps es más sutil. Es un pinchazo en la piel que inocula una semilla que a los pocos días termina de germinar. La sordidez del ser humano se mezcla con la compasión en una madeja de relaciones difíciles de descifrar. Para el director sus personajes son rebajados al nivel de una manada de animales que buscan saciar sus instintos.

El grupo autodenominado Alps, por el sistema montañoso, se convierte en casi una terapia para la protagonista, una enfermera interpretada por Aggeliki Papoulia, que repite papel principal junto al director. Se convierte en una yonki en la búsqueda de relaciones humanas donde no existe el afecto, el cariño ni la solidaridad. Las interpretaciones se ponen a merced del juego de Lanthimos: frías, distantes, y en algunos momentos rayando el absurdo. Las motivaciones de los personajes tienen una compleja compresión en primera instancia. Y todo ello sin perder el tono surrealista de las escenas que recuerdan a El ángel exterminador pero sin el simbolismo, que inunda la película de Luis Buñuel.  Resulta tan pertubadora como Los idiotas de Lars von Trier aunque Lanthimos lo hace con mayor sigilo. El director opta por introducir toques cómicos que son un regocijo en el humor negro del director que a veces parecen ajenos al espectador con situaciones absurdas.

La puesta en escena de Lanthimos es diáfana con planos fijos y largos que puede resultar lenta y a veces tediosa, pero compensa al espectador más curioso que se atreva a aceptar el envite. Las situaciones te van arrastrando cada vez en una espiral cada vez más siniestra, mientras se descubre el planteamiento del director intentando comprender que incita al grupo de Alps a reemplazar a muertos, cómo resuelven el duelo familiar que le es ajeno y cómo consiguen convencer a sus clientes. Pocas películas exigen tanto al espectador. Alps es una película no apta para todos los públicos, sólo para los que se atrevan a jugar sin conocer las reglas.

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