A próposito de Llewyn Davis: La cara B de Bob Dylan por los Coen

| 30 diciembre, 2013 | 0 Comentarios

Oscar Isaac en A propósito de Llewyn Davis de los hermanos Coen

Oscar Isaac en A propósito de Llewyn Davis de los hermanos Coen

La Historia olvida a los perdedores. La Historia es para los triunfadores. Las pequeñas historias de los fracasados se pierden, aunque sean más interesantes e indispensables. Para que haya un vencedor tiene que haber muchos vencidos por mucho que la memoria se empeñe en borrarlos. La historia de la música no es una excepción.  Joel Coen y Ethan Coen, que tienen una sabida predilección por los “losers”, rescatan algunos días de la vida de Dave Van Ronk, un cantautor más que componía la escena folk de los años sesenta, en el Village de Nueva York, donde se alumbró una de las figuras más importantes de la cultura contemporánea como es Bob Dylan. Pero en A propósito de Llewyn Davis casi que la música es lo de menos. No hay que esperar una panorámica de los músicos de la época, un repaso  biográfico para ensalzar  una figura casi desconocida o un ensayo sobre el parto creativo a lo Factotum.

Oscar Isaac como Llewyn Davis aguantando el duro invierno de Nueva York

Oscar Isaac como Llewyn Davis aguantando el duro invierno de Nueva York

 

La última película de los Coen es un rara avis, incluso en su heterodoxa filmografía. Más cercana O Brother!, donde adaptaron de una manera muy libre La Odisea de Homero en una comedia lisérgica con un gran protagonismo de la música, pero bajo el prisma del drama, A propósito de Llewyn Davis es como las primeras canciones de Nacho Vegas, crueles y cortadas con una fría ironía. Parece que los directores hayan escogido la canción más descarnada del folk de los años sesenta para adaptarla.

A partir de las memorias Dave Van Ronk y de hechos puntuales, los hermanos Coen construyen al protagonista del filme, Llewyn Davis, a su medida. El desgraciado cantautor casi vagamundea por las calles de Nueva York, vive de la caridad de sus amigos y su carrera no progresa. El personaje interpretado por Oscar Isaac tiene las anchuras y constantes de las creaciones coenianas pero, sin duda, es  el más aburrido que han parido, y no es por el potencial dramático de Oscar Isaac que deja el listón alto en todas las secuencias incluso en las musicales. Genera tanta antipatía como lastima pero no llega a conectar. Quizá le falte un discurso inicial de presentación como con El Nota de El gran Lebowsky,  o tener el atractivo silencioso de Ed Crane en El hombre que nunca estuvo allí, o las esperpénticas y opresoras situaciones por las que pasa Larry Gopnik en Un tipo serio. En definitiva, a Llewyn Davis le falta carisma, pese a que cumple al dedillo las premisas de los personajes protagonistas de los Coen: se puede ser un perdedor pero nunca renunciar de uno mismo, ya seas un fumeta o un escritor de éxito, aunque termines arrastrado por los acontecimientos. Para el personaje le resultará útil para seguir su carrera como rasca tripas por muchas vicisitudes que se le planteen y para alguien, como el que escribe, que ve a los cantautores como tipos aburridos de tres acordes, resultará de lo más coherente a la vez que tedioso.

Otra cosa son los personajes secundarios. Con tres pinceladas, das el brazo derecho por “spin off” del personaje interpretado por John Goodman, un “bluesman” que entre cuelgue y cuelgue de heroína es capaz de convertir su palabra en ley. No menos hipnótico es el papel de Murray Abraham como el cazatalentos de Chicago que con sólo la mirada puede ser más cruel que un juicio de Risto Mijade para hundir más en la mísera realidad en la que vive Llewyn Davis.

Oscar Isaac, Justin Timberlake y Adam Driver

Oscar Isaac, Justin Timberlake y Adam Driver

A los Coen le ha salido la película más emotiva y triste de su filmografía sin renunciar a su corrosivo punto de vista sobre la vida. Entre el personaje principal y la estructura circular de la película ofrecen pocas esperanzas. Como de costumbre, la fotografía y los espacios cinematográficos son impecables. El director de fotografía, el francés Bruno Delbonnel, realiza un fantástico trabajo tanto en exteriores como en interiores con Nueva York hostil y opresivo. Para la música, los Coen echan mano de su lado más melómano para elegir las canciones que aparecen en el filme, en la mayoría de los casos interpretadas por los protagonistas. Para los que se quieren iniciar en el resurgimiento del folk será un fantástico aperitivo. Pero sobre todo destacan las escenas del café donde tocan los protagonistas, recreando con detalle y realismo las noches de los bares del Village.

Para los más acólitos de los Coen, disfrutarán con su despiadado sentido de la vida para el resto no despertará grandes emociones. Como buenos cantautores incomprendidos son capaces de contarte el suicidio de su mejor amigo mientras te sacan una media sonrisa.

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Category: Críticas, Galerías

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