50/50: buscando el equilibrio perfecto

| 7 marzo, 2012 | 0 Comentarios

50/50

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Joven. 27 años. Emancipado en una bonita vivienda unifamiliar con jardín. Novia guapa y bohemia. Y con el trabajo de su vida. Así es Adam (Joseph Gordon-Levitt). La verdad que el chico se lo ha ganado. Educado, ordenado, deportista y ni fuma ni bebe. Hasta recicla concienzudamente. Pero jugarreta del destino, le diagnostican cáncer. Y si la cosa no puede ir a peor, lo hará.

Fotograma de 50/50

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Parece que el arranque nos deparará una comedia ligera que se torna en un típico telefilme de sobremesa de Antena 3, pero nada más lejos de la realidad. Jonathan Levine se acerca a la desgracia personal con el dramatismo justo y la dosis exacta de gas lacrimógeno. Gran parte del mérito le corresponde al joven guionista Will Reiser que hace malabarismos para llevar la historia a la comedia, contra todo pronóstico, con el tacto suficiente para que los gags no resulten banales. La apuesta del escritor funciona. Algunas situaciones y  diálogos superan  a la propia película. A Reiser, producto televisivo que se ha fraguado como productor en Estados Unidos, se lo han reconocido con el premio a mejor guion novel en los Independent Spirit Awards y National Board of Review.

Todo el peso del planteamiento recae en la pareja protagonista, Joseph Gordon-Levitt y Seth Rogen. Dos amigos de

Fotograma de 50/50

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toda la vida, Adam y Kyle, que son como la noche y el día. Forman un buen dúo. De las parejas cinematográficas con más química que han pasado últimamente por la gran pantalla. Joseph Gordon-Levitt protagoniza a un joven centrado y responsable noqueado por el revés del destino. El actor vuelve a dejar una interpretación notable donde mejor se mueve, en dramas  de cine independiente made in USA, como ya hizo en Hesher o en 500 días. Está vez su hieratismo va mermando de forma calculada. Mientras Seth Rogen repite ese personaje que tantas veces hemos visto en sus anteriores películas. Ese espécimen humano, tosco, a veces grosero, inoportuno, con incontinencia verbal cuyo principal objetivo vital es reproducirse. Sin embargo, su papel logra arrancar sinceras carcajadas.

Como en todas las películas de enfermedades, lo más importante es el proceso del paciente. En este sentido, Levine y Reise arriesgan al desdramatizar los momentos más duros del relato. De esta manera se alejan de los topicazos lo suficiente para ver frescura en la película. Aunque en este tipo de viaje, se termine bien o mal, siempre se llega a la misma conclusión: no se valora lo importante de la vida. En 50/50 es sobre todo la amistad porque el resto de relaciones pasan a un segundo plano. Ya sea con la madre o con la novia. Y la verdad que es una pena porque no podemos disfrutar más de Anjelica Huston que hace de madre del protagonista en una relación totalmente disfuncional.

 

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Category: Críticas

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