‘300: El origen de un imperio': Habemus franquicia

| 6 marzo, 2014 | 0 Comentarios

Eva Green en 300: el origen de un imperio

Eva Green en 300: el origen de un imperio

Está claro que Warner tenía prisa por estrenar esta secuela. Tanta, que ni el cómic que la inspira ha llegado aún a las librerías. Y eso que la película tiene un título de crédito reservado al señor Frank Miller, asegurando que, como le gusta decir a los cursis, la novela gráfica Xerxes (Jerjes en cristiano), que en un principio editará Dark Horse en Estados Unidos,  y de la que apenas tenemos un par de ilustraciones para abrir boca, es el punto de partida de esta nueva película.

Jerjes en la novela la gráfica de Frank Miller

Jerjes en la novela la gráfica de Frank Miller

Así que es difícil dar fe del grado de fidelidad del film a las páginas de la historieta que la inspira, pero desde luego estamos ante la prima hermana de 300, por lo que aquí regresamos a ese universo tan personal salido de las páginas de aquella gloriosa miniserie de seis números escrita e ilustrada por Frank Miller que, con un escueto presupuesto, adaptó  Zack Snyder con fidelidad y mucho sentido del espectáculo allá por 2006, logrando un rotundo éxito de taquilla mundial. Así que cualquiera en busca de rigor histórico ya puede mirar en otra parte. Esto es más de lo mismo: cine de acción macarra y desmelenado. Un tebeo en movimiento donde hasta el paisaje más mundano parece salido de un desquiciado mundo alienígena. Y al que esto suscribe sigue divirtiendo, aunque esta nueva entrega haya eliminado casi por completo cualquier conexión emocional con el espectador, algo que su predecesora sí había logrado a pesar de su sintético envoltorio visual.

Las razones de esta evidente frialdad habría que buscarlas en su ambiciosa estructura narrativa y en un reparto que hace aguas por los cuatro costados. El protagonista, Temístocles, está interpretado por Sullivan Stapleton, actor curtido en televisión, aunque  más bien parece salido de una película porno gay, por mucho que se esfuerce en resultar creíble y carismático. Su antagonista, Artemisia, está incorporada por Eva Green, una actriz de medio pelo que suele acabar recurriendo a la exhibición de sus espectaculares glándulas mamarias (y esta no es una excepción) para conquistar al público… y también a la crítica (aún recuerdo con alborozo la emoción con la que hablaba de ella en Días de cine Antonio Gasset, tras descubrirla y contemplarla como Dios la trajo al mundo en la indigesta Soñadores, de Bernardo Bertolucci). Por supuesto, el que repite, una vez más como secundario, es Rodrigo Santoro, transformado en una suerte de gigantesco Drag Queen de voz ronca para dar vida al emperador Jerjes.

Sullivan Stapleton, al frente de los guerreros atenienses.

Sullivan Stapleton, al frente de los guerreros atenienses.

De primeras, el proyecto se anunció como una secuela, algo que los primeros tráilers pusieron en tela de juicio. Lo cierto es que la película es un enorme flashback que, a su vez, engloba otros tantos. Un juego de muñecas rusas nada complicado de seguir, por mucho que el montaje repita algunas escenas para que nadie se pierda. Y es que decirle a los espectadores que la cosa arranca como una precuela de 300, para dar luego paso a un spin-off de la misma (que avanza en paralelo a la narración de aquella), desembocando finalmente en una secuela en toda regla podría sonar arriesgado para más de un productor y/o distribuidor. Semejante malabarismo narrativo tiene razón de ser: una triple venganza. Esa es la motivación personal de Jerjes al retomar la invasión de Grecia iniciada por su padre, muerto en la batalla de Maratón por la mano Temístocles. Así como la de su lugarteniente, Artemisia, una mujer de armas tomar, cuya familia fue asesinada por soldados helenos. Y que nadie se olvide de la reina Gorgo (Lena Headey), viuda de Leónidas, líder de los 300 héroes de las Termópilas, con ganas de derramar sangre persa tras el sacrificio de su esposo.

300: El origen de un imperio, cómo no, es una secuela ambiciosa que eleva la apuesta de su predecesora. Una que además deja la puerta abierta a futuras entregas. Y en la que Zack Snyder vuelve a ser el maestro de ceremonias, aunque esta vez en la sombra. Firma en colaboración el guión, produce la cinta y, según los mentideros de Hollywood, ha supervisado personalmente la extensa y compleja postproducción del film, tras enseñarle la puerta al director, el israelí Noam Murro. Así funcionan las cosas en la Meca del cine. Y no parece esta una ocasión para lamentarlo. Si uno sabe donde se mete, no hay momento para el aburrimiento en este superespectáculo delirante que nos lleva de la batalla de Maratón al fragor de la Segunda Guerra Médica. Imposibles batallas navales, torrentes de sangre, cuerpos de gimnasio, testosterona y discursitos épicos de manual. Una apoteosis del cine viril que hará las delicias de los fans de 300 y el cine de acción más enérgico, y que se disfruta mejor en 3D. A pesar de ser una conversión a estéreo, el que sea una película donde no haya un sólo plano sin efectos visuales, la convierte en materia prima perfecta para sumergirse en ella ataviado con las gafitas de rigor… si el presupuesto lo permite, claro.

Tags: , , , , , , , , ,

Category: Críticas, Destacados

Deja un comentario